Dentro de la plástica sudamericana, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, se origina paralelamente a la pintura religiosa, un género secular denominado pintura de castas, que se desarrolla con particular énfasis en México y en la Escuela Quiteña de Ecuador. Es una nueva forma pictórica que casi no tiene equivalente y que intenta dar cuenta del mestizaje a través de los cruces étnico/sexuales que se generan con la conquista. Los hijos de estas uniones fueron denominados “castas”.
Allí se plantea la problemática de la identidad latinoamericana y sus diferencias con respecto a los diversos centros de poder, que ha sido una constante en las diversas expresiones culturales del continente.
La obra que los artistas plásticos chilenos Cabezas - Truffa - Leyton presentarán en la próxima Bienal de Cuenca en Ecuador, rescata a la vez que reelabora lo que significa “ser latinoamericano” hoy incorporando la pintura de castas, sometida a un recargamiento kitsch. El primer gesto de rescate que el tríptico sugiere, es una mirada al pasado de colonización y su lectura en la actualidad. Gesto no casual si pensamos en el contexto actual de Chile y el resto de los países latinoamericanos, sometidos a un proceso de liberalización y re(colonización) por los embates del mercado y toda la imaginería de masas.
Identidad latinoamericana, universo en desplazamiento
Tras la ornamentación de la obra se advierte un imaginario de mezclas y préstamos, gestado en un proceso de transculturación de estructuras y tradiciones dispares y heterogéneas. El mestizaje en tanto proceso de negociación cultural y creación de nuevos agentes e identidades, aparece también inscrito en la técnica que mezcla pintura, bordado, grabado y texto. La imposibilidad de acotar la realidad representada, se articula, precisamente, en la desaparición de una técnica única y en la opción por la producción colectiva. El proceso de creación es visto en función de un conjunto de códigos y puntos de vistas que transitan por un imaginario movible que reitera lo latinoamericano como un universo en desplazamiento, en el que sobresalen ciertos hitos y figuraciones emblemáticas.
El segundo gesto tiene un carácter de desocultamiento al retomar el género de las castas, género hasta hace poco subvalorado por su “falta de diferenciación” y su carácter de “copia”, e incorporarlo como parte de la propuesta estética. La postura transgresora de este trío frente al academicismo, configura un arte que a su raigambre multimedial une el esmero por lo manual y artesanal, presente también en la pintura de castas.
La obra rechaza un discurso monológico y opta por el ensamble, o la bisagra, en tantos puntos de contacto y cruce de múltiples posibilidades, aún no institucionalizadas. A partir de un discurso del margen, como la pintura de castas.
Ser chilena, ser chileno
La obra replantea, precisamente, lo que entendemos por ser “ chileno y chilena” como también los valores y modelos identificados con estas identidades. Ligada a la casa con la bandera, bordado de gran cuidado manual, la identidad nacional vuelve a ser retomada, sugiriendo la presencia de un hábitat mas allá del exilio y el desplazamiento territorial. La casa bordada, que evoca en la superficie una fonda, mediagua o dibujo naive, se instala como construcción manual e íntima, aludiendo a una imagen que pervive en el denso entramado de códigos. La casa y el Sagrado Corazón en otro de los lienzos entabla un diálogo cruzado del afuera y el adentro con el símbolo patrio, entre lo publico y lo privado, temas que recorren el tríptico hasta llegar a la violencia del poder. Se alude a la historia reciente y a la experiencia política en democracia, fruto de la unión del triunfalismo y el nacionalismo. Se enlaza con esta inscripción, la preocupación oficial con ser jaguares, vaciada de autoridad y trivializada en dos inscripciones: “De la Pincoya y un Japonés nace un Jurel tipo Jaguar” y “De la Miss Chile y un Yuppie nace Jaguar”. La casta “ Jaguar” recorre el imaginario nacional como resultado de insólitos cruces entre la cultura marginal, masiva y americanizada. Reaparece el tema nacional felino en la tela y bordados de las casas que imitan su piel, recargando reiterativamente la imagen.
Citas de uso diario
El juego con las referencias y las citas de uso diario, es parte de esta estética que encadena un significado con otro y los arrastra en progresión. De aquí la complejidad y el barroquismo de una obra que se construye con múltiples capas de significados, temas y técnicas que apuntan a un mundo amalgamado de diversa procedencia. El afán por recoger se une al trabajo de joyería, casi manierista de cada módulo y del conjunto, que vuelve a subrayar la propuesta del ensamble como discurso y construcción de la obra. Lo lúdico aparece en el lenguaje verbal y visual de una mirada crítica que se extiende en registro amplio, donde se congregan símbolos populares y masivos.
Dentro de la trayectoria de Cabezas – Trufa – Leyton, el ensamble como posibilidad de confección y configuración de un espacio distintivo, ha sido una constante en los ‘90. Las casas en la serie con volumen, aparecen con pinturas por afuera, trasladando a lo público la relación entre el espacio doméstico, la intimidad y las diversas formas del exilio. Los títulos retoman la veta popular Corazones sin rumbo y La casa, la problemática de la subjetividad y su configuración a partir de la casa, espacio que remite a la pertenencia o la falta de ella. La estadía de estos artistas en el extranjero conecta la experiencia del (auto)exilio con el enfrentamiento que supone la inmersión en otro espacio cultural. En estos ensambles ya aparece un sujeto subalterno, marcado por el extrañamiento y la diferencia, tema que las castas problematizan. El sujeto latinoamericano se vislumbra en proceso constante, en un continuo mestizaje que persiste hoy bajo otras modalidades del poder y registros de imágenes.
La pintura de castas es una de las representaciones visuales más singulares del impulso ilustrado en Latinoamérica. Es una nueva forma pictórica que casi no tiene equivalente y que intenta dar cuenta del mestizaje a través los cruces étnico/sexuales que se generan con la conquista. Los hijos de estas uniones, fueron denominados “castas” para referirse a la mezcla sanguínea, en contraposición a “la pureza de sangre” y la blancura que obsesionaba a peninsulares y criollos. En una sociedad estratificada como la colonial, el parecer blanco adquiría un valor de estatus y movilidad negado a las castas. El afán por clasificar este universo aparece en pintores como Cabrera, Berrueco, Magón y otros de la escuela poblana, junto a su gran maestría y originalidad. La ausencia de modelos europeos deja a los artistas libres para enfatizar figuras humanas en primer plano en un espacio ambiguo, en que exterior e interior no están claramente delineados. El esquema genérico es una pareja con un hijo, con especial atención al físico y al vestuario, ya que éstos identificaban el lugar que ocupan la escala social. Las escenas apuntan a la vida diaria, al oficio, los objetos usados y, a veces, incluyen frutos de la zona. Una inscripción al pie de la familia codifica la casta y el cruce para mostrar este Otro en su entorno, encapsulado en una especie de vitrina. Los estilos varían de acuerdo a preferencias individuales, ya que los artistas elegían el tema y las castas. Muchas figuras aparecen idealizadas y se adscriben al gusto de las elites, otras en cambio, son más realistas y gruesas. Las pinturas eran usadas como catastro racial en las parroquias y como recuerdo exótico de los visitantes europeos.
El inventario de estas diferencias, se reúne en 53 castas, con la mas diversa y rebuscada terminología, cuyo propósito es dominar una realidad escurridiza:
Casta
Cruce de:
Ahí o hay te estás con No te entiendo
Albarasado
Tente en el aire con Mulata
Barzino
Albarazado con India
Campa mulato o calpamulato
Barzino con India
Castizo
Mestizo con Blanca
Castizo cuatralbo
Blanco con Mestiza
Coyote
Indio con Mestiza
Coyote mestizo
Chamizo con Mestiza
Cuarterón de chino
Blanco con China
Grifo o Tente en el aire
Indio con Loba
No te entiendo
Tente en el aire con Mulata
Saltatrás
De Nicolás León, Las Castas del México colonial o nueva España (1924)
El fracaso del proyecto racionalista de circunscribir el dinamismo social y controlar la proliferación de nuevos sujetos y su alteridad, es evidente en la imposibilidad de representar y serializar este universo en su totalidad.
Bernardita Llanos Mardones.
La autora es escritora, profesora de literatura latinoamericana y directora del Programa de estudios Latinoamericanos de la Universidad de Denison, Ohio, U.S.A.
Públicado en Revista “Patrimonio Cultural”
Revista de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos
Año III Nº 12
Octubre 1998
Paginas 34 y 35, ilustradas.
Santiago de Chile |