“Vital e inestable. Así define el agua este artista basado en la investigación. En más de veinte años de trayectoria, su obra se ha paseado desde la contingencia y la identidad nacional hasta los aciertos y desaciertos de la ciencia. Hoy en una etapa que ronda lo filosófico, expone con belleza la fragilidad de nuestra especie. El agua cristalizada, como pocas veces se ha mostrado, forma parte de su nueva alegoría pictórica.”
Mientras vivía en París, Sebastián Leyton vio la película “El espíritu del tatuaje”, (Irezumi) 1983, donde el director japonés Yoichi Takabayashi, lleva el dolor y el placer al terreno de la ritualidad y muestra cómo en esos límites se desarrolla nuestra existencia. En el filme había un momento muy clave donde se veía un libro con imágenes de los cristales de hielo, una materia microscópica que se forma a mucha altura en la atmósfera y que congregándose en miles y millones conforma los copos de nieve que vemos caer en un invierno extremo.
El estudio de esos cristales puros le quedó dando vueltas en su cabeza y años después, habiendo creado conceptos y visualidades de importantes exposiciones, quiso recuperarlo ahora como elemento de su próxima investigación artística. Chango, como lo llaman habitualmente, estaba pensando en la fragilidad como una condición inmanente de nuestra existencia, una sensación que enfrentamos como individuos y como sociedad. La metáfora es clara, y a la vez mucho más compleja de lo que parece, puesto que su acercamiento a los cristales, aparte de horas de estudio, traducciones, lecturas científicas, filosóficas y un vasto producto pictórico, le hizo pensar en la vida en el sentido más amplio y diverso.
“Son temas tan difíciles de abordar- sostiene- Hace años nos tocó una época de guerra fría, con el peligro de la bomba atómica, que era otra etapa de fragilidad para el mundo. Todos estábamos expuestos y cómo colectivo vivíamos bajo el miedo. Ahora con el calentamiento global vivimos otra fragilidad; enfrentamos ahora un problema ecológico, todos sentimos que este único lugar donde estamos puede desaparecer o cambiar radicalmente. Por eso quise tomar este momento para hablar de fragilidad pues siempre estoy atento a lo que está pasando, cómo y por qué. En la exposición, como mecanismo de síntesis, elegí tres elementos que constituyen nuestro mundo: la naturaleza, el tiempo y el ser humano”.
Realismo microscópico
Era la muestra “Frágil” que se exhibió hace un año en la galería Animal, y en cuyo tratamiento de la naturaleza Chango mostró la versión pictórica y macro de los minúsculos cristales: “Quise evitar el discurso del horror y la denuncia pues preferí mostrar la belleza que puede desaparecer. Estos cristales desarrollan sus lados planos bajo cierta temperatura y humedad, como sus lados agudos bajo otras condiciones atmosféricas. El viento es el genio que los conduce y eso hace que empiecen a desarrollarse simétricamente y que sean todos distintos. Son cristales puros, no como un diamante que es cortado por el hombre, estos se alinean solos; son moléculas de agua que se juntan”.
Lo insospechado es que cuando hay nieve pisamos millones de estos cristales que no son más que una etapa del ciclo del agua. La nieve puede transformarse en hielo y llegar a formar un glaciar o puede derretirse y evaporarse, pasando en su evolución por los tres estados: líquido, sólido y gaseoso.
“Uno no tiene conciencia que camina por encima de tanta belleza. Mi trabajo consiste en gran parte en tirar una carnada para que alguien muerda y se pregunte. Aquí está la maravilla de la naturaleza que la pasamos haciendo pedazos. No nos damos cuenta de lo más normal porque estamos invadidos de información, determinaciones y manejos que no nos dejan ver lo que hay. Los cristales fueron mis símbolos pero sin composiciones ni elaboraciones mías sino con su belleza propia; es divertido porque pinté un realismo de algo que no vemos, que no tenemos un referente. Fue un trabajo meticuloso, terminé un poco ciego por la observación microscópica. Pero quise hacer pinturas grandes, enfrentar al público a una dimensión gigantesca de algo que es pequeñísimo. El espectador ahora era el pequeño, se enfrentaba con humildad a la naturaleza”.
Chango se confiesa amante y dependiente del agua. Aparte de necesitarla como elemento vital disfruta mucho deambular por el mundo submarino e incluso tiene una anterior serie pictórica al respecto: “Yo viviría en el mar. Me impresiona mucho el agua por ser un elemento tan necesario y que cambia constantemente, además de ser tan bello y producir visualidades, tono, reflejos. Me sorprenden los esfuerzos por ir a encontrar vida a otros planetas y si te paras en la orilla de la playa verás que hay un mundo hacia arriba, el tuyo, y uno hacia abajo que es otro universo mucho mayor, donde no hablan ni respiran igual que tu, y que es tan poco investigado. Cuando buceo me maravillo con la vivacidad de los colores, las trasparencias, los cristalinos. Es meterse a un mundo con otras dimensiones y otras direcciones, de repente hay un individuo arriba tuyo, otro por abajo, otro por el lado. Me atrae la inmensidad del océano”.
“La fragilidad y la inestabilidad son parte de la vida. De un caos se genera un orden, que se vuelve a alterar según las condiciones. Debieramos ser como un surfista o un esquiador, que se van adaptando a la superficie y no al revés.”
El espiral de la ética
El artista abordó este elemento vital precisamente como símbolo de la inestabilidad. Sus lecturas del científico ruso Ilya Prigogine lo condujeron a la reflexión sobre la incertidumbre de nosotros mismos y lo que nos rodea. Todo es inestable, desde el clima o el cause de un río hasta los movimientos sociales, la política y los procesos históricos. Chango recalca: “el que queramos determinar las cosas con reglas y fórmulas para vivir más tranquilos es sólo un problema de nuestra inseguridad. No es como funciona la naturaleza. La fragilidad y la inestabilidad son parte de la vida. De un caos se genera un orden, que se vuelve a alterar según las condiciones. Debiéramos ser como un surfista o un esquiador que se va adaptando a la superficie y no al revés”.
A través de estos trabajos, ha captado el papel de la ciencia como mediadora de un diálogo entre el hombre y la naturaleza. Ese ha sido su tema reciente, pero sus preocupaciones van cambiando de giro, o acumulando, a la manera de un espiral que busca recuperar una actitud de respeto y consideración ética del mundo. Se formó en la Universidad de Chile en plena dictadura, integrando colectivos artísticos que reaccionaban a la contingencia con un arte pensante, pero no denso. Completó una década viviendo entre París y Nueva York, y al regresar quiso desentrañar la nueva identidad de este país, al que reencontró lleno de aires de progreso y modernización. Actualmente, además de concebir proyectos expositivos de largo aliento, es profesor de pintura de la Universidad Diego Portales.
“A mi me interesa comunicar y trato de encontrar las claves con las cuales hacer pasar las cosas, algunas imágenes fuertes, algunas con humor, etc. Mis exposiciones pretenden ser como una película que te hace reír, llorar, pensar, que después de verla sales como revuelto. Mi única línea soy yo, mi personalidad y mis anhelos; el arte es casi un espejo a través del cual me veo y por lo mismo es cambiante. Si ahora me pusiera a trabajar exclusivamente en torno a los cristales y sus variaciones, se transformaría en un producto y estaría sacrificando el lugar más libre que tengo, pues el arte es un lugar donde no tienes que pedirle permiso a nadie para hacer lo que quieras. Pienso que la creatividad se nutre de la exploración y el cambio. Si no investigo me aburro como ostra”.
Enero 2008
Elisa Cárdenas
Periodista especializada en cultura
Entrevista publicada en Revista CoBe N 2
páginas 110 - 111 - 112 - 113 -114 - 115 Ilustradas |